miércoles, 30 de enero de 2013

La creación camina en la RSC

Construir es crear, levantar o rehacer un nuevo levantamiento desde la nada o bien aprovechando parte de la obra ya hecha. Y toda creación tiene un fin básico que es ser funcional cumpliendo la cláusula de ser habitada por personas y sus bienes, a ese valor funcional se le suma desde mucho antes un valor emocional que viene ligado de una educación y culturas recibidas desde nuestra infancia y recogidas en leyes y artículos constitucionales como derecho básico del ser humano atribuido por nuestra sóla existencia. Unidos estos a un Valor de Responsabilidad Social Corporativa en el que cualquier constructor-creador debe cumplir la máxima y no otra distinta de lo que digo lo hago. Esto ha fallado y mucho en nuestra sociedad tal vez por falta de concienciación y sobre todo por un aplastamiento absoluto de los valores humanos y sociales.

La arquitectura no debió de olvidar nunca su función de bien ofrecido a la sociedad, sin la que no puede vivir, de poco le sirve a los artistas creadores de la construcción levantar y levantar obras cuya belleza y habitabilidad brillan por su ausencia. Edificios cuyo mantenimiento es insostenible porque se miró más la parte egoísta del bien especulativo de la Imagen Corporativa que la parte social del bien común desde el que poder construir una brillante y exitosa Imagen de Marca que establece diálogos abiertos y flexibles con los ciudadanos a quienes se dirigen y de los que se alimenta. Ahí si podremos encontrar un auténtico valor funcional que irá ligado mediante estrechos vínculos de valor emocional que harán cumplir con exactitud milimétrica un valor de responsabilidad social corporativa demandado por la colectividad.

Llegados a este punto de aplastamiento bastante considerable en dónde el arte de la arquitectura ha quedado reducido a un milimétrico punto luminoso al final de un túnel negro de oscuridad y vacío. Somos los mismos profesionales los que estamos obligados a reinventar lo ya inventado devolviéndole ese objetivo que nunca debimos perder de vista, la habitabilidad. Tomar consciencia de que todos estamos metidos en un mismo barco y que lo que me afecta a mi tarde o temprano afecta al de al lado y viceversa. Sólo tomando consciencia de que la construcción es el arte de crear y que los técnicos somos creativos, pues la creatividad no es más que el aporte de soluciones a problemas en el "aquí y ahora", la transformación de un conflicto en conflicto creativo. Podremos devolver a una profesión milenaria la belleza que le hemos robado.

Cuando la arquitectura vuelva al camino de la Responsabilidad Social Corporativa real, será cuando vuelva a ser arte con mayúsculas.